Durante el período de la pandemia, los cambios en las ciudades afectaron directamente a las empresas de micromovilidad. Pero, ¿qué debería suceder cuando todo esto termine y la movilidad de la población regrese a la normalidad?


El 2020 marcó un año de cambios para el sector de la micromovilidad, donde la directriz fue la eficiencia financiera. No solamente para este sector, sino para todo el ecosistema de la movilidad compartida, la era del crecimiento a cualquier costo, parecería haber terminado. En enero, los principales operadores anunciaron el cierre de algunos mercados y la reestructuración de sus equipos.

Los siguientes meses no fueron fáciles. Dadas las consecuencias de la rápida propagación del virus COVID19 en los principales mercados de micromovilidad, las empresas han realizado reducciones considerables de sus operaciones. Varias de ellas optaron por suspender sus operaciones, y algunos, incluso, con recortes en sus equipos. Bird, por ejemplo, ha despedido al 30% de su fuerza laboral, mientras Voi ha despedido a más de la mitad de su personal y Lime ha considerado despedir hasta 70 personas en San Francisco.

Grin ha buscado alternativas a los despidos, en medida de lo posible. Después de suspender sus operaciones en cumplimiento con los lineamientos para combatir la propagación del virus recomendados por la Organización Mundial de la Salud, la empresa anunció la creación del sistema de alquiler mensual llamado Grin4U.

El nuevo modelo de negocio es una respuesta rápida a la crisis del sector, y sobre todo, una opción de transporte para los ciudadanos. Una opción libre de contagio de COVID19 por aglomeraciones y contacto físico. “Queremos que te quedes en casa, pero para aquellas personas que no tienen esa opción y necesitan moverse, Grin es una opción segura para la movilidad individual”, es el mensaje que se le presenta a los usuarios en la app.

Impactos en la industria

La industria de la movilidad ha demostrado su capacidad para recuperarse de diversas dificultades, como guerras, desastres naturales y pandemias. En general, observamos que en la post-crisis se recuperan pérdidas y se mantiene el crecimiento a largo plazo. Esto es notable, por ejemplo, al observar la producción de automóviles en el siglo pasado, desde la gripe española, la crisis de 1929 y las guerras mundiales, hasta la crisis de 2008. La curva ha seguido creciendo incluso con las pérdidas ocasionales, en un período en que los automóviles fueron tratados como posibles soluciones para viajes urbanos.

La industria de los micro vehículos se ha fortalecido en los últimos años. Incluso con la desaceleración que se produjo durante el período de cuarentena, deberíamos observar una recuperación en cuanto la vida urbana vuelva a la normalidad.

La idea principal aquí es la apuesta a largo plazo: no tiene sentido que los viajes individuales se realicen por vehículos espaciosos, pesados ​​y contaminantes todos los días en los centros urbanos. Es este status quo el que debe confrontarse y la solución será con opciones de transporte más eficientes y limpios, como el transporte público y los micro-vehículos, ya sean eléctricos o con energía humana.

Impactos en la movilidad urbana

Algunas ciudades ya han comenzado a realizar cambios para mejorar la movilidad. Bogotá está creando más de 100 km de ciclovías temporales durante la pandemia. Bruselas y Milán también están aprovechando este momento para mejorar la ciudad humanizando las calles con la implementación de traffic-calming o mejoras en el diseño urbano.

En una encuesta realizada en Suiza, se observa que todas las alternativas de transporte sufrieron una caída relativa en los kilómetros recorridos hasta la tercera semana del período de cuarentena. A partir de la cuarta semana, solo los modos activos comenzaron a crecer nuevamente. En la quinta semana, las personas se movilizaron un 70% más que el promedio antes del impacto de COVID19.

El modo oficina en casa ya se discutía, por ejemplo, como una opción para ahorrar tiempo, dinero y estrés, además de evitar la contaminación y tráfico. Aun así, las políticas para hacerlo tienen poco avance en las empresas. Quizás sea el momento ideal para implementar políticas flexibles de oficina en casa, cuando sea posible, brindando así a los empleados una mayor calidad de vida, sin perder productividad. Todas esas horas perdidas en el tráfico podrían ser mejor utilizadas por las personas. Podrían ser usadas para descansar, relaciones personales, actividades físicas y viajes más pequeños, más placenteros dentro del vecindario.

No es fácil predecir los impactos de esta pandemia más allá del período de cuarentena. Algunas personas dicen, por ejemplo, que intentarán utilizar su propio transporte individual más seguido cuando todo esto termine, para evitar grandes multitudes y contactos interpersonales.

Las proyecciones como esta se basan en información verdadera y relevante, pero deben contextualizarse. El transporte público en ciudades grandes y medianas no es reemplazable, mucho menos si esta migración es en automóvil. No hay forma de reemplazar un modo con la capacidad de mover, por ejemplo, alrededor de 15 millones de personas en un solo día, como en la región metropolitana de São Paulo.

El transporte público debe seguir teniendo un enorme peso en el desplazamiento urbano, ya sea por la falta de opciones económicamente viables o por la conciencia colectiva. Pero este hecho no reduce la importancia de los viajes en bicicleta, scooter y otros microvehículos.

En su definición, la micromovibilidad se refiere a vehículos de dimensiones humanas, con baja emisión de contaminación atmosférica y acústica, y responsables de rutas pequeñas y medianas, conectadas o no al transporte público. En otras palabras, además del enorme potencial para la migración modal en viajes motorizados más cortos, la micromovilidad tiene un papel complementario en viajes más largos, reforzando su importancia junto con el transporte público.

También es importante mencionar que el sector aún tiene un largo camino por recorrer. Las nuevas generaciones de micro-vehículos se están adaptando cada vez más al uso compartido del sistema, aumentando la seguridad contra accidentes y vandalismo. Al ganar escala, naturalmente habrá una reducción en los costos de fabricación. Esto significa que los sistemas de micromovilidad sin anclaje serán aún más seguros y accesibles en el futuro cercano.

Usuaria de monopatín en la Ciclovía de Av. Paulista, en São Paulo | Fuente: Grin

Es posible, por lo tanto, que las consecuencias de la pandemia en la imaginación de los ciudadanos sean cambios dirigidos a mejorar la calidad de vida. Y esto tiene todo que ver con la idea de una ciudad para las personas, donde el transporte activo y los micro-vehículos eléctricos juegan un papel fundamental.

Nuestras expectativas son una fuerte recuperación en el sector y una recuperación gradual para el sector de la micromovilidad, una vez que la actividad vuelva a los niveles previos a la cuarentena.

El futuro de las ciudades

El historiador y profesor Walter Scheidel de la Universidad de Stanford (EE. UU.), analiza que los impactos humanos y económicos de la pandemia en todo el mundo tienen el potencial de afectar positivamente uno de los mayores problemas del mundo actual: la desigualdad social. Las ciudades no serán más igualitarias con el aumento de los viajes en automóvil, sino con la mejora del transporte público y con alternativas de transporte eficientes y asequibles, como bicicletas, scooters electrónicos y todos los microvehículos.

Las situaciones de crisis pueden hacernos reflexionar sobre la fragilidad de la vida humana y la calidad en que vivimos nuestras vidas en la sociedad. Por lo tanto, los problemas urbanos como la mortalidad del tráfico y la contaminación del aire tienden a ser evidentes. Después de este período que estamos atravesando, con las reducciones drásticas en los niveles de contaminación atmosférica y la probable reducción en la letalidad de las calles, la humanización de las ciudades debería comenzar a verse como un punto esencial para lo que queremos de ahora en adelante. Revisaremos nuestros hábitos de consumo y nos volveremos más apegados a lo esencial, dando prioridad a las buenas experiencias en lugar del consumo a través del consumo.

Grin coincide con el análisis presentado por el World Resources Institute - WRI: después de este período problemático, puede haber una "necesidad urgente de hacer que las ciudades sean más resistentes, equitativas y bajas en carbono. El distanciamiento forzado de la dinámica urbana también refleja el impacto de las opciones de movilidad”. Que esta crisis pandémica ayude a sensibilizar a las personas sobre la importancia de vivir en entornos más saludables. Que esto consolide la importancia de moverse por la ciudad con mayor eficiencia energética.

La micromovilidad continuará consolidándose en el entorno urbano como una alternativa a los automóviles y como parte del sistema integrado de transporte público. Esto se fortalecerá después de la pandemia. La micromovilidad simplifica la vida y la hace más divertida, nos hace ver la ciudad desde una perspectiva que los automóviles no nos permiten y nos devuelve el sentimiento de pertenencia al espacio público. ¡La calle es de todos!

Versión completa del artículo publicado en Estadão, el 9 de mayo de 2020